La mayor de todas las hazañas acumuladas para la revolución por el Ejército Popular fue el haber sido el primero en salvaguardar resueltamente la estirpe de la revolución jucheana, enarbolando antes que nadie la bandera de la defensa a muerte del líder, tanto en los momentos gloriosos como en los penosos. La historia de nuestro ejército, que comenzó con dos pistolas pero que finalmente ha llegado a poseer una fuerza insuperable que hace temblar de pánico a los agresores imperialistas, es algo inédito que ningún otro ejército del mundo jamás ha conocido. Durante un largo período que va de su fundación a la actualidad, el Ejército Popular libró tanto la lucha guerrillera como la guerra regular y la confrontación sin tiroteos. En este proceso ha adquirido sus propios y omnipotentes métodos de combate y experiencias que le aseguran sucesivas victorias, y se ha convertido en tropas de inagotable fuerza, dotadas de medios de ataque y defensa a nuestro estilo que le permiten desenvolverse con habilidad en cualquier guerra moderna. La superioridad militar y técnica ha dejado ya de ser una propiedad exclusiva del imperialismo. De la misma forma, la época en que el enemigo nos chantajeaba con su bomba atómica ha pasado para siempre. Lo corroborará claramente la solemne demostración de la fuerza que tendrá lugar hoy. Desde que inscribiera en su nombre la palabra “popular”, nuestro ejército ha dejado huellas indelebles no sólo como defensor de la patria, sino además como benefactor del pueblo mediante su participación en la edificación de un Estado próspero y poderoso. La inestimable sangre y sudor que derramaron sus oficiales y soldados están impregnados en obras monumentales erigidas en distintas partes del país, así como en numerosos bienes socialistas que contribuyen a mejorar la vida de la población.
– Kim Jong-Un, «Luchemos enérgicamente para la Victoria final, enarbolando la bandera de Songun» (extracto).
