La Leyenda de Jumong se trata de una narración folclórica que se refiere a la fundación del Estado de Koguryo.
Retrata al protagonista Jumong, primogénito de Haemosu, hijo del Emperador Celestial, y Ryuhwa, hija de Habaek, Rey del Mar. Esta, por culpa de haber mantenido relaciones con Haemosu sin el permiso de sus padres, es castigada a desterrarse al río Ubal, donde se ve salvada por la gente de Puyo y queda bajo la protección del rey Kumwa. Al descifrar en ella signos misteriosos, éste la mantiene en un cuarto. Un día, mientras fulminan los rayos solares, ella pone un huevo enorme del cual nació un precioso niño que se llamaría posteriormente Jumong. Desde niño es un hércules y muy diestro en el tiro al arco. Su nombre procede de “Jumong”, que significaba el mejor tirador en Puyo. El rey Kumwa tenía siete hijos, pero ninguno de éstos lo superaba en la destreza. Por eso ellos piden a su padre, celosos, que lo deporte, sugiriéndole que, de lo contrario, tendría una mala consecuencia.
El rey, persuadido, obliga a Jumong a pastorear caballos para poner a prueba su verdadero intento. Jumong, muy descontento de pastar caballos ajenos siendo un nieto del Emperador Celestial, dice a su madre que lo considera peor que morir y le pide el permiso de ir al sur y fundar un país. De inmediato su madre Ryuhwa va a la caballeriza, hostiga con un látigo largo a las bestias y escoge para él a un corcel que pasa a saltos una cerca tan alta como de dos tallas. A hurtadillas Jumong clava una aguja bajo la lengua del corcel. Un día, el rey Kumwa sale a la caballeriza y queda muy contento al ver bien cebados todos los caballos. Pero, cuando encontró entre ellos a uno muy flaco por no poder comer ni beber, lo dio a Jumong. Al conseguir el animal, éste le quitó la aguja y lo cebó con atención especial. Así, Jumong abandona a Puyo del Este llevándose consigo simientes de cereales que le ha preparado la madre, en compañía de las gentes que le siguen por voluntad. Aunque los hijos del rey Kumwa, al ponerse al tanto de esto, los persiguen, Jumong y su séquito cruzan a salvo el río con ayuda de los peces y las tortugas. Los perseguidores se diezman hundidos a causa de la dispersión de éstos que servían de puente.
Llegado a Jolbon Puyo, funda un Estado con este lugar como la capital y lo llama Koguryo.
