ceremony commemorating the completion of the electrification of the yangdŏk–sinch’ang section of the p’yŏngwŏn line, north korea, 1948.

Inmediatamente con el triunfo de la Revolución Coreana se implementó el Socialismo como sistema político-económico en el país, con lo cual se impulsaron reformas estructurales contundentes, como la reforma agraria y la masiva industrialización de los sectores básicos que revitalizaron la economía nacional. Se aplicaron notables políticas sociales como la ley del trabajo que garantizó la seguridad laboral, la ley de igualdad de derechos entre el hombre y la mujer que logró una sociedad igualitaria sin leyes de diferenciación por género, los movimientos de alfabetización que lograron el avance en la inserción escolar e intelectualización de las masas populares, así como las reformas del derecho para democratizar los sectores de la administración jurídica, la fiscalía, la educación o la cultura. En definitiva se intentó paliar los atrasos ideológicos, técnicos y culturales dejados por los años de la decadencia feudal seguida de la dominación colonial imperialista que habían restringido a las masas trabajadoras, revirtiendo el déficit al comenzar a reforzar a la sociedad en torno a una base democrática y revolucionaria.
La propaganda occidental de la época condenaba al gobierno del norte de Corea por «autoritario», obviando que el del sur de Corea se había convertido en un completo estado policial que aseguraba el dominio de la elite cipaya aliada del colonialismo aplastando a los movimientos de masas como los comités populares o las revueltas campesinas.